El Gobierno utiliza una ‘trampa’ en la ley para dejar fuera de las ayudas a los hosteleros

Lorenzo Amor, presidente de ATA, tras la argucia legal del Gobierno: “Es una sinvergonzonería”

El Gobierno deja fuera de las ayudas que se aprobaron a finales de septiembre para los autónomos al colectivo más afectado por la crisis: los hosteleros. La excusa: como pueden servir comida a domicilio no podrán recibir las ayudas pactadas.

Según la respuesta de la dirección general de ordenación la Seguridad social a las mutuas, a la que ha tenido acceso OKDIARIO, la prestación extraordinaria por cese de actividad aprobada a finales de septiembre finalmente no llegará nunca a los dueños de bares y restaurantes que vendan comida a para llevar, asfixiándole aún más. Justo en el peor momento.

La organización de autónomos mayoritaria, ATA, advierte a este periódico que eso no es lo que pactaron cuando se aprobó el Real Decreto 20/2020, que se acordó con el ministerio de que dirige José Luis Escrivá. Lorenzo Amor, presidente de ATA, dice claramente: «Es una sinvergonzonería».

En el artículo 14 de esta norma se fija una «prestación extraordinaria de cese de actividad para los trabajadores autónomos afectados por una suspensión temporal de toda la actividad como consecuencia de resolución de la autoridad competente como medida de contención de la propagación del virus COVID-19 y para aquellos trabajadores autónomos que no puedan causar derecho a la prestación ordinaria de cese de actividad prevista».

La cuantía de la prestación iba a ser del 50 por ciento de la base mínima de cotización que corresponda por la actividad desarrollada. Esta ayuda estaba pensada para momentos como el actual, en el que las CCAA pueden cerrar negocios de forma unilateral para tratar de frenar el covid-19. Es decir, de unos 460 euros.

Ante la consulta de las mutuas, la Dirección General de Ordenación de la Seguridad Social ha aclarado en los últimos días lo siguiente: «En efecto, resulta claro que el objetivo de la norma es reconocer el derecho a esta prestación extraordinaria solo en el caso que el trabajador autónomo se vea obligado a cesar completamente su actividad, sin que proceda tal reconocimiento cuando se permita mantener una parte de la actividad». Los autónomos denuncian que eso no fue lo que pactaron con el Ejecutivo.

Las comunidades autónomas que tienen completamente cerrada la hostelería, pero que sí pueden vender para llevar, son Castilla y León, Cataluña, País Vasco, Murcia, Navarra y Asturias. En el caso de La Rioja y de Galicia esta medida está en vigor en las zonas con una situación epidemiológica peor. En cambio, Madrid ha conseguido mejorar sus cifras epidemiológicas sin cerrar bares y restaurantes.

El ‘toque de queda’ del Gobierno

El problema es que esto se suma a que el toque de queda del Gobierno -cuya letra pequeña deciden las comunidades autónomas- perjudica a las empresas que vendan comida a domicilio, especialmente en el momento en el que suele haber un pico de ventas que podría ayudar a compensar -y nunca del todo- la cancelación de las cenas en terrazas y locales.

Por ejemplo, en Cataluña, si los clientes acuden al bar o restaurante a recoger su pedido pueden hacerlo hasta las 21:00, mientras que si lo piden para que se lo lleven a casa el margen es hasta las 22:00 horas. Mientras, en la Comunidad de Madrid, es posible realizar reparto a domicilio hasta las 00:00.

En Asturias, en cambio, aunque la hostelería debe cerrar a las 23:00, el Boletín Oficial del Principado de Asturias determina que los servicios de comida a domicilio se pueden extender hasta la una de la madrugada. Algo similar ocurre en Castilla y León, donde los bares y restaurantes tienen que cerrar a las 22:00 horas, pero pueden seguir sirviendo comida a domicilio hasta las 00:00 horas.

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El cierre de centros comerciales golpea ya a casi 6.000 negocios y 120.000 empleados en toda España

La segunda oleada de covid-19 está golpeando duramente a España, donde las comunidades autónomas están implantando nuevas restricciones para tratar de contener la pandemia. Una de estas medidas es el cierre de centros comerciales, que ya está en vigor en Cataluña, Castilla y León y Asturias, y amenaza la situación económica de en torno a 6.000 negocios y alrededor de 120.000 empleados de las tres regiones.

Además hay que tener en cuenta que estas restricciones podrían extenderse en las próximas semanas a otras comunidades ante el aumento de los contagios y el agravamiento de la situación sanitaria en nuestro país. De este modo, y de acuerdo con los datos que la Asociación Española de Centros Comerciales (AECC) ha facilitado a OKDIARIO, en la comunidad catalana el total de negocios afectados es de 3.891, mientras que cerca de 72.000 trabajadores se ven golpeados por esta medida.

Por su parte, en Castilla y León, que cuenta con 25 centros comerciales, unos 1.240 comercios verán su actividad limitada junto a 30.000 empleados. Por último, en Asturias las cifras son de 779 negocios y 18.000 trabajadores afectados. Estas medidas suponen un nuevo golpe al tejido empresarial, que ya acumula importantes desplomes como consecuencia de las restricciones impuestas en los últimos meses para tratar de contener el impacto de la pandemia en nuestro país.

En la mayor parte de comunidades autónomas también se ha establecido el cierre de la hostelería, medida que por el momento parece que no ha logrado contener el crecimiento de los contagios en las principales regiones afectadas. Desde las distintas asociaciones y patronales del sector siguen reclamando al Gobierno central y a las administraciones regionales mayor flexibilidad a la hora de imponer restricciones que puedan perjudicar aún más a los pequeños y medianos empresarios del sector.

La crisis del coronavirus ha asestado un duro golpe al consumo, que tras varios meses con la persiana bajada ha tenido muchas dificultades a la hora de remontar sus situación. La afluencia a los centros comerciales y tiendas se desplomó un 25,2% en los meses de verano en comparación con el mismo mes del ejercicio precedente a pesar de coincidir con el periodo de las rebajas, según se pudo desprender del índice Shoppertrak.

Afluencia

La afluencia a los centros comerciales también se ha visto afectada y retrocedió un 20,4% durante el mes de octubre respecto al mismo mes de 2019 en un contexto de crisis sanitaria derivada de la pandemia del covid-19 que marcará la campaña de Navidad. De esta forma, las visitas a centros comerciales moderaron ligeramente su caída interanual en el décimo mes del año, tras retroceder un 19,3% en septiembre, un 22,4% en agosto, un 25,2% en julio y un 36,9% en junio.

En los meses previos, durante el estado de alarma, la afluencia llegó a caer un 82,5% en mayo, un 89% en abril y un 42,2% en marzo. En lo que va de año, la afluencia a los centros comerciales descendió un 33,4% en un ejercicio atípico marcado por el covid-19 y su impacto en la actividad económica.

No obstante, la tendencia de los últimos meses marca una recuperación progresiva del tráfico de compradores. Mientras que en abril o mayo (cuando la mayoría de centros estaban cerrados en su totalidad) la caída respecto a 2019 era superior al 80%, el índice anual ha experimentado una recuperación paulatina hasta mantenerse en el entorno actual del -20% aproximadamente.

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El 50% de los locales comerciales que cierren por la pandemia no volverá a abrir

Basta con pasear por cualquier calle comercial de España para darse cuenta del impacto que el coronavirus está causando en el tejido empresarial español. Los carteles de «cerrado» aumentan día a día, y seguirán haciéndolo debido a la virulencia de la segunda ola de la pandemia y a las restricciones que están poniendo en marcha las comunidades autónomas.

Tanto es así que las previsiones de la Federación de Agencias Inmobiliarias (FAI) apuntan a que el 50% de los locales comerciales que cierren por la pandemia no volverán a abrir a medio plazo. Tendrán que esperar a que el consumo se recupere para levantar la persiana, una circunstancia que algunos expertos ya retrasan hasta 2022 o 2023. En España hay cerca de un millón de locales comerciales, de los cuales más de la mitad pertenecen a las actividades de comercio minorista.

“El cierre de muchos negocios no tiene vuelta de hoja. La mitad de los locales comerciales que van a cerrar debido a la pandemia no volverán a retomar la actividad a medio plazo. Al menos hasta que vuelva la recuperación, y los que lo abran lo harán en condiciones muy diferentes a las que existían antes de la pandemia», explican desde la FAI. Los cierres comerciales afectan a todos los puntos geográficos de España, pero el castigo es mayor en las zonas turísticas y en el centro de las ciudades -especialmente dependientes de los visitantes internacionales-. Por contra, las zonas residenciales están resistiendo mejor a la caída en picado del consumo.

El cierre de locales comerciales también tiene una vertiente inmobiliaria, para aliviar el impacto de la crisis del coronavirus en el mercado, la federación ha pedido cambios que faciliten la reconversión de los locales comerciales en viviendas u oficinas. «Los municipios deberían modificar y regular su ordenanzas. Hay que facilitar y agilizar la reconversión de estos locales y darles otro uso», cuentan. La legislación actual obliga a realizar diversos trámites que pueden llegar a extenderse más de un año.

La facturación se hunde un 50%

Los pronósticos de la FAI son igual de pesimistas que los elaborados por la Confederación Española de Comercio (CEC), que estima que entre el 25% y el 35% de los negocios podría cerrar de aquí a final de año si no se reactiva el consumo y si no se aplican medidas específicas de ayuda al sector. Por el momento, el 15% de los comercios de proximidad no han vuelto a abrir tras el estado de alarma y la facturación se ha hundido en algunos sectores hasta un 50% respecto a 2019. Preocupa especialmente la situación del sector textil y el del calzado.

A finales de septiembre, en plena negociación de los ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo), la patronal del comercio advertía de la posible desaparición de casi un 250.000 de establecimientos y hasta 600.000 puestos de trabajo si no se llegaba a un acuerdo en materia laboral. Ahora, y con la vista puesta en el 31 de enero (último día de la prórroga de los ERTE), se aviva el miedo a que el cierre de establecimientos llegue al cuarto de millón. Para evitar ese temido escenario, los comerciantes han pedido al Gobierno que ponga en marcha medidas específicas dirigidas a los autónomos del sector y otras que solucionen el problema del alquiler de los locales comerciales, que asfixia especialmente a los pequeños negocios.

Lo comerciantes también han pedido medidas de apoyo fiscal y financiero que garanticen la liquidez a los comercios, el aplazamiento del pago de la deuda tributaria y la condonación de pago de tributos.

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La hostelería lanza un nuevo SOS y pide más de 8.500 millones de ayudas directas a las administraciones

El sector hostelero español ha vuelto a lanzar un nuevo grito de auxilio. Lo ha hecho a través de la plataforma Juntos con la Hostelería (integrada por FIAB, Hostelería de España y Aecoc), que ha solicitado 8.500 millones de ayudas directas a las comunidades autónomas y a la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto.

Las medidas propuestas, que incluyen ayudas directas, medidas fiscales, económicas y laborales, entran dentro del marco del Plan de Apoyo a la Hostelería anunciado la semana pasada por la ministra Reyes Maroto.

Desde el sector, calculan que serían necesarios 8.500 millones de euros para evitar la pérdida de más de un millón de empleos y la desaparición de un tercio de los establecimientos hosteleros, es decir, 100.000 locales.

Además, la hostelería ha asegurado que con esa cantidad se podría prevenir un impacto «muy considerable» en las arcas públicas en términos de reducción de recaudación de IVA, IRPF, Impuestos Especiales, Impuesto de Sociedades y cotizaciones a la seguridad social.

El sector hostelero en España representa el 6,2% del PIB, genera 1,7 millones puestos de trabajo y aporta cerca de 17.500 millones de euros a las arcas públicas del estado, según los datos del año 2019.

Hasta la fecha ya han cerrado más de 65.000 negocios hosteleros, han desaparecido más de 350.000 empleos y ha descendido la facturación en más del 50% respecto al año anterior. A todo ello hay que sumar las consecuencias en las más de 30.000 empresas asociadas a la hostelería, cuya facturación conjunta supone cerca del 20% del PIB nacional.

El sector ha señalado que los establecimientos de hostelería «llevan meses viéndose afectados por cierres totales y esforzándose por aplicar las restrictivas medidas sanitarias sin ningún tipo de apoyo económico específico». «Todo ello a pesar de que, según los últimos informes del Ministerio de Sanidad, en bares y restaurantes se produce menos del 3,3 % de los contagios acumulados en España desde mayo de este año», han asegurado.

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España alcanza la cifra de 60.000 muertos por Covid

La mortalidad crece en toda España mientras Sánchez no deja de poner el foco de sus ataques en Madrid

Más de 60.000 muertos, ese es el coste que ha supuesto ya en España el covid. En concreto, 60.210 víctimas mortales retratadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE), mientras el Gobierno reconoce tan sólo poco más de la mitad de los fallecidos: 35.639

El dato acaba de surgir con la última actualización del INE. Y es que, mientras Pedro Sánchez no deja de poner el foco de sus ataques en Madrid, la mortalidad crece en toda España por el Covid-19 sin que ese desastre atraiga la atención del Gobierno central. De hecho, no atrae ni su reconocimiento de la cifra real, que se ha negado a admitir a lo largo de toda la pandemia.

Los datos de incremento de fallecimientos con respecto al pasado año prueban que el número acumulado de muertos por covid desde el mes de marzo supera ya los 60.000, según el INE. La cifra, en estos momentos, se sitúa en concreto en 60.210 muertes. Hay que recordar que la cifra oficial de muertes que acepta el Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias es de 35.639 fallecidos por el coronavirus, con lo que el ocultamiento de los datos publicados por el Ejecutivo empieza a ser ya todo un récord: prácticamente hay que multiplicar por dos el dato oficial para lograr el real.

Hay que recordar que el sistema de recuento oficial del Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias sólo incluye como muertes por coronavirus las certificadas con test, con lo que la mejor manera de aparecer bien en las estadísticas es no hacer test, justo lo peor para controlar los focos de contagio.

La escalada de la cifra de muertes por covid, además de su ocultamiento, no puede ser tomado como ninguna sorpresa. Ya en el mes de abril, un estudio independiente del centro de investigación internacional Deep Knowledge Group (DKG) analizó la respuesta de cada país frente al coronavirus en base a un total de 24 criterios.

Las conclusiones para el Gobierno de Pedro Sánchez y su gestión fueron demoledoras: España era el peor país de Europa en el ranking de seguridad frente a la pandemia.

Análisis de contingencias

Los argumentarios que repetía incesantemente el Gobierno de Sánchez sobre su gestión del coronavirus giraban en base a que España actuó de forma ágil frente a la pandemia, que lo hizo de forma contundente y que la respuesta española era alabada en todo el mundo. Pero el estudio decía justo lo contrario y echaba por tierra cualquier justificación del Gobierno español.

El ‘Deep Knowledge Group’, un departamento de la firma de capital riesgo DKV con sede central en Hong Kong y filial en Londres que está especializada en el análisis de contingencias relacionadas con la salud, analizó la situación y la respuesta frente a la pandemia de 150 países. Y en base a los resultados elaboró diversos rankings sobre la gestión de los distintos gobiernos y el índice de seguridad para los ciudadanos de cada país. En el correspondiente a la Eurozona, España ocupaba el último puesto.
No se trató del único galardón lamentable.

Al margen de las continuas referencias en la prensa internacional a la lamentable gestión del Covid, Europa también suspendió al Gobierno socialcomunista en la crisis del coronavirus en agosto. Esa vez, España recibió la peor puntuación en la gestión de la colaboración de la sanidad privada en la lucha contra la pandemia de Covid-19, según el análisis de un grupo de expertos convocados por el Instituto Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada.

Según estos expertos, la decisión del Gobierno de poner bajo el mando único sanitario a todas las clínicas privadas «sin importar la incidencia del coronavirus en cada zona y la delegación de los acuerdos entre la Administración y las empresas privadas a cada una de las 17 comunidades autónomas, sin directrices y sin un modelo claro y homogéneo que permita el cobro de los gastos soportados durante la crisis sanitaria, han generado un perjuicio inasumible para las clínicas».

«El mando único provocó que muchos centros privados tuviesen que rechazar a sus pacientes habituales y asociados para dar cabida a enfermos por el coronavirus que finalmente nunca llegaron por estar en zonas de baja incidencia de la pandemia. De esta forma, se cerró la vía de ingresos de estas empresas, no se utilizaron sus recursos ni se permitió acogerse a ERTE por ser un sector esencial», resaltaron.

Más de 2.400 centros médicos

«El fracaso del modelo español ha provocado que ahora mismo esté en serio riesgo la supervivencia de más de 2.400 centros médicos y el empleo de cerca de 60.000 profesionales sanitarios, como empleo directo, y el doble de afectados indirectos», subrayaba.

Por si fuera poco, en septiembre, con el inicio de la segunda ola, España volvía a dispararse hacia el primer puesto mundial de países con peores cifras en la segunda ola del coronavirus. En su camino hacia el primer puesto de países más afectados por la pandemia sólo se le interponía la Argentina gobernada por la izquierda kirchnerista de Alberto González, con Cristina Fernández de Kirchner como vicepresidenta. Todo un alarde de gestión hasta llegar a superar los 60.000 muertos por Covid en España

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Crecen las ‘colas del hambre’ en Madrid: “Con los 300 euros del ERTE no podemos comer”

Como ocurriera con la primera ola del coronavirus, la inseguridad económica ha provocado que cientos de familias en Madrid se vean obligadas a pedir comida creando largas colas frente a los bancos de alimentos. “Son los grandes olvidados, de los que nadie se acuerda”

Cuando hablamos de esta segunda (o tercera) ola de la Covid en la que vivimos, el soniquete político acalla muchas veces la precariedad en la que la sociedad se está sumiendo. Las conocidas como “colas del hambre” crecen, “enormemente”, ante los ERTEs, los ERE, la falta de ayudas y el fin de los ahorros de familias que se han visto sin ingresos durante estos ocho meses.

Ante esa situación los bancos de alimentos, centros sociales y asociaciones se vuelcan para dar comida básica a estas personas que no hacen más que aumentar las listas de Cruz Roja, Cáritas Madrid o de las asociaciones vecinales.

Sólo la Plataforma de Trabajadores en Paro de San Blas-Canillejas atiende a 400 familias; 40 son las familias atendidas por la Despensa de Usera “muchas las derivamos a Cruz Roja o a Cáritas Madrid porque no podemos atenderlas”, explica la coordinadora de la asociación; el párroco de la Iglesia Santa María Micaela y San Enrique que habla de una cantidad “ingente de personas” y los trabajadores de los dos bancos de alimentos con los que cuenta la parroquia del barrio de Tetuán matizan: 500 familias en el banco de alimentos de la Fundación Madrina y 300 en el banco de alimentos del grupo paraguayo de la parroquia.

“Recibimos apoyo del Summa 112, los bomberos y la Policía Municipal que nos ayudan a repartir a aquellas familias a las que no llegamos”, explica Conrado Giménez, presidente y fundador de Fundación Madrina. Al principio solo repartían comida una vez al mes, luego una vez a la semana, “ahora estamos aquí miércoles y viernes”.

Su banco de alimento se encuentra a un lado de la iglesia, y las colas dan la vuelta al edificio. Allí mujeres como Claudia, Samantha, María Gracia, Eva o Tania acuden con sus niñas a recoger comida. En sus bolsas y carros hay un poco de todo: pasta, arroz, lentejas, algo de verdura, toallitas, pañales… “Por suerte la Fundación Madrina cuenta con buenos fondos y también recibimos alimentos del Banco de alimentos”, explica Giménez, “Aunque ahora tanto el Banco como las despensas están vacías”. Sólo las fundaciones como Madrina cubren el 70% de la pobreza de Madrid y calculan que la pobreza infantil crecerá un 50% en los próximos meses.

HA CAMBIADO EL PERFIL

Tania y Eva con sus niñas y otras madres tras recoger la comida de Fundación Madrina
Tania y Eva con sus niñas y otras madres tras recoger la comida de Fundación MadrinaÁngel Navarrete

En los registros hay 500 familias que van a esta parroquia, aunque la Fundación Madrina atiende diariamente a 3.000 familias en Madrid, antes del confinamiento eran 600. “La gran mayoría son madres solteras que han sido abandonadas por los padres durante este confinamiento”. Lo cierto es que el perfil de la gente que conforma las colas para recoger comida ha variado respecto a marzo: “Antes venían los que ya vivían al día, ahora vienen también los que se han quedado sin ahorros y no tienen ayudas ni encuentran trabajo”.

Trabajo es lo que piden las personas que durante toda la mañana de este viernes estuvieron haciendo la cola para recibir la comida y los elementos necesarios para subsistir. “Vivo con mi hija en una casa en la que llevo sin pagar el alquiler siete meses”. Eva se dedicaba a la hostelería, aunque “realmente he trabajado de todo: limpiando, de cajera, cuidando a mayores”. A su lado un torbellino de 10 meses se retuerce sobre sí mismo llamando su atención. “Desde que nació vi necesario pedir ayuda porque no podía asegurarle la comida. Ahora no me sale trabajo y no puedo pagar nada, el casero me paga el agua y la luz, y no sé hasta cuando aguantará esta situación”.

Tania vive con su madre y su hija de cuatro años en la casa de la primera. También se dedicaba a la hostelería, de manera esporádica, y a cuidar de mayores. Pero los bares ya no la contratan y la señora que atendía ha pasado la pandemia en una residencia. “Sólo tenemos el ERTE de mi madre, que era camarera. Pero con 300 euros no podemos pagar el alquiler, la luz, el agua y la comida”. Y ahora, además, las mascarillas para ir al colegio. “Esa es otra, me es imposible pagar todo”, murmura.

Un poco más alejado está David con su mascarilla rojiblanco. Él pertenece al mundo de la construcción y acude a este banco de alimentos para dar algo de comer a sus hijos. Desde marzo él y su mujer están desempleados y el único dinero que entra no da ni para pagar el alquiler. “Mi principal preocupación es la comida de mis hijos, de momento el casero acepta nuestra situación. Aunque no sé hasta cuándo, llevo sin pagar desde junio”.

Cloe a sus siete meses es la encargada de amenizar con sus quejas y llantos la espera.

– Posiblemente ya tenga hambre, es casi la una y media.

– Pues sí, pero ya nos vamos, llevamos aquí desde las diez de la mañana.

Claudia es su madre, del “pseudo-padre nada sabemos”, la tuvo al principio del confinamiento y tras ser despedida de su puesto como azafata. “No me renovaron el contrato al estar embarazada”. Durante los meses de confinamiento vivió de la caridad de los vecinos, “ahora me vengo todas las semanas desde San Sebastián de los Reyes para que me den un poco de comida con la que alimentarla”. “Ya ni lloro, ella solo me tiene a mí y yo a ella”.

Dentro de las colas que rodean la iglesia a esta situación se le suma la dificultad de conseguir el empadronamiento. Es el caso de Karin, que no puede volver a su país y aquí no consiguen los papeles. “Sin ellos no puedo pedir ayudas ni trabajo y me van a desahuciar”.

La despensa del banco de alimentos del grupo de paraguayos de la parroquia de Santa María Micaela y San Enrique, en el barrio de Teuán.
La despensa del banco de alimentos del grupo de paraguayos de la parroquia de Santa María Micaela y San Enrique, en el barrio de Teuán.ÁNGEL NAVARRETE

“Aquí encuentras historias de todo tipo”, informa Conrado Giménez. “Las ayudas no llegan, tampoco el dinero y las medidas que toman los políticos no se notan aquí”. Las “colas del hambre”, que esporádicamente salen en los medios de comunicación, no dejan de crecer: “Son los grandes olvidados, de los que nadie se acuerda”.

“ES SORPRENDENTE LA SOLIDARIDAD QUE HAY”

Ante ello en la Fundación Madrina como en el otro banco de alimento de la Iglesia de Santa María Micaela y San Enrique, aunque piden que estén empadronadas y documentación con la que justifiquen la necesidad de recibir ayuda, muchas veces acogen a aquellas personas que están esperando el padrón. “Son personas que necesitan ayuda, cómo no hacerlo”, indica Paola Desiree.

El banco de alimentos que coordina en la parroquia nace de una asociación de paraguayos que comenzó ayudando económicamente a los más necesitados y acabó en junio estableciendo unas mesas y una entrega de comida a 375 familias todos los viernes. “2.000 kilos de comida en total”, señala.

Esta pequeña asociación recibe verduras del día de MercaMadrid y donaciones de productos no perecederos y alimentos para bebés. “Al principio el Banco de Alimentos nos dijo que no podían darnos nada de comida porque no había, luego nos llamaron. Fue un milagro”.

Lo guardan todo en una pequeña habitación con estanterías con paquetes de pasta, aceita, papillas, potitos y batidos. A final de mes, esta despensa está bajo mínimos. “Recibimos a principios de mes nueva remesa. No es mucha cantidad pero nos sirve para ayudar a las familias”. Al principio no creían que acudirían tantos, pero ahora con donaciones y el apoyo de MercaMadrid consiguen abastecer a varios centenares de familias, muchas de ellas con hijos. “Me sorprendió y me emocionó la solidaridad que hay”.

Las verduras para preparar caldos nutritivos a los niños llenan los carros y bolsas de Nancy, que vive con su hijo y sus nietos en la casa; de Marjorie, a punto de dar a luz a su tercer hijo; o a Kyale que a sus 25 años hace cola para llevar a su prima embarazada y madre de otra hija algo de comer.

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El mundo al borde de una “pandemia de hambre”

El mundo al borde de una “pandemia de hambre”: el coronavirus amenaza con sumir a millones de personas en la hambruna.

Las comunidades pobres de todo el mundo están enviando un mensaje claro, urgente y repetido: “Moriremos antes de hambre que de covid”. Combinada con los conflictos en curso, la espiral de desigualdad y la escalada de la crisis climática, la pandemia ha sacudido hasta sus cimientos un sistema alimentario ya de por si deficiente, dejando a millones de personas al borde de la inanición.

Si no actuamos ya, hasta 12.000 personas al día podrían morir de hambre debido a las repercusiones sociales y económicas de la pandemia antes de que finalice el año, tal vez más de las que morirán cada día a causa del covid.

En los últimos meses, hemos tomado medidas extraordinarias para tratar de reducir a cero el número de casos de COVID-19. Ahora, necesitamos el mismo esfuerzo titánico para llegar a cero casos de hambre.

Más hambre en un mundo hambriento

En nuestro mundo profundamente desigual, cada año, millones de personas viven y mueren de hambre. Se estima que en 2019 había 821 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria, de las cuales aproximadamente 149 millones sufrían hambrunas de nivel de emergencia o más.

La actual crisis no se debe a una falta de alimentos. Estos niveles de hambre devastadores son un síntoma de un sistema alimentario deficiente que ha permitido que millones de personas pasen hambre en un planeta que produce suficientes alimentos para todas y todos.

La pandemia de coronavirus ha echado leña al fuego de esta creciente crisis alimentaria y ha exacerbado las desigualdades y vulnerabilidades existentes, al tiempo que ha empujado a millones de personas hacia la inseguridad alimentaria como resultado de la espiral de desempleo y los problemas económicos causados por la enfermedad.

Desempleo masivo

La drástica desaceleración de la economía mundial, unida a las restricciones a la libertad de movimientos, se ha traducido en una pérdida masiva de empleos a nivel global en los últimos meses. Sin ingresos ni apoyo social, millones de personas se han quedado sin dinero para comer. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que se han perdido el equivalente a 305 millones de empleos a tiempo completo a causa de la pandemia, algo que ha afectado especialmente a jóvenes y mujeres. La consecuencia es que 500 000 millones de personas más podrían verse sumidas en la pobreza.

Los agricultores y las agricultoras, al límite

Los/as pequeños/as agricultores/as, que son la columna vertebral de los sistemas alimentarios locales en muchos países en desarrollo, se han visto gravemente afectados por las restricciones de confinamiento que limitan su capacidad de acceso a sus tierras para plantar o cosechar cultivos, o para acceder a los mercados y vender sus productos o comprar semillas y herramientas.

Sin embargo, a lo largo de la pandemia, las personas que trabajan en el sector de la alimentación han sido los verdaderos héroes y heroínas, trabajando en la primera línea de la producción alimentaria en los campos y las fábricas para hacer llegar los productos al resto del mundo. Con demasiada frecuencia, estas personas han trabajado en condiciones peligrosas por un salario ínfimo, a pesar de que las gigantescas compañías alimentarias han obtenido millones y millones de beneficios.

Las mujeres, las más afectadas

Incluso una hambruna durante un corto período de tiempo puede tener un efecto devastador a largo plazo en un país y frenar su progreso económico durante generaciones. Estadísticamente, las personas afectadas por el hambre y la malnutrición crónicas tienen más probabilidades de vivir en la pobreza durante toda su vida.

Los puntos críticos del hambre extrema

Hemos identificado 10 países en los que la crisis alimentaria es más grave y está empeorando debido a la pandemia: Yemen, República Democrática del Congo (RDC), Afganistán, Venezuela, la zona del Sahel de África occidental, Etiopía, Sudán, Sudán del Sur, Siria y Haití, pero también están surgiendo nuevos focos de hambre. Los países de ingresos medios como la India, Sudáfrica y Brasil están experimentando un rápido aumento de los niveles de hambre.

Más de 55 millones de personas en siete de los países más afectados se enfrentan a niveles de inseguridad alimentaria de severos a extremos, algunos de los cuales se acercan a condiciones similares a la hambruna.

Necesitamos tu acción ahora

Las Naciones Unidas han advertido de hambrunas de “proporciones bíblicas” como resultado del COVID-19 y de las medidas para contenerlo, y se estima que el número de personas en situación de hambruna crítica aumentará a 270 millones antes de finales de año, lo que representa un aumento del 82 % desde 2019.

Más gente podría morir de hambre a causa de la crisis derivada del coronavirus que por el propio virus.

Desde el comienzo de la pandemia, Oxfam ha llegado a 4,5 millones de las personas más vulnerables del mundo con alimentos y agua potable, trabajando junto con más de 344 organizaciones socias en 62 países. Ayúdanos a hacer más; dona ahora.

 

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Colas en Santa Cruz para recoger una bolsa de comida

La ONG de África Fuentes, en García Escámez, atiende cada viernes a cerca de 400 personas que acuden en busca de comida.

Son las diez y media de la mañana. La cola da la vuelta al Mercado de la Abejera. Cientos de personas esperan pacientemente a que la ONG que preside la incombustible África Fuentes, en García Escámez, comience el reparto de alimentos que, cada viernes, permite a unas 400 familias llevar algo de comida a casa. Preocupa el virus. Todos van con mascarilla e intentan mantener las distancias, muchas veces sin conseguirlo. Pero preocupa más el hambre. Huevos, lentejas, atún, arroz… Son solo algunos de los productos de las cajas. Hoy no hay leche, ni gofio. “Es lo que más nos hace falta ahora, porque con una tasa de leche y un poco de gofio resuelves una comida”, cuenta África, que, a sus 85 años, dice no tenerle miedo a la COVID-19, “o me mata el virus o la vejez”. Comienza el reparto. Carritos de compra gastados o simples bolsas de supermercado sirven para recoger los alimentos. Todos esperan pacientemente a que griten su número, el mismo que los voluntarios les han dado a su llegada en función de si tienen “los papeles” o no los tienen.

Juan Manuel Vega Fachi es el coordinador de la ONG. “Atendemos a unas 400 personas a la semana, tanto a los que vienen derivados por los servicios sociales como a los que no”. Matiza que intentan que todo el mundo acuda, al menos, con una cita concedida por los servicios sociales. “Nos vale con que nos muestren la fecha de la cita. A todos nos interesa que vengan con los papeles en regla, porque eso supone que podemos acceder a más alimentos”.
El coordinador detalla que tienen mesas en la que se cotejan los datos de los usuarios. “Si vemos que llevan varios semanas viniendo sin la justificación, advertimos de que a la próxima no podremos ayudarlos”. Así lo vocea uno de los voluntarios a lo largo de la cola: “si no traen la cita con la trabajadora social no podemos darles más comida”. Muchos de los que están esperando se miran sin entender muy bien qué significa eso.

Fachi cuenta que cada semana vienen unas 50 personas nuevas. Es el efecto pandemia. “Si hacemos el cálculo, solo nosotros, al mes, atendemos a unas 1.600 personas, pero si multiplicas esa cifra por los miembros de cada una de las familias podríamos estar hablando de más de 3.000”.
A la pregunta de qué necesitan, la respuesta es obvia: comida. “A las empresas grandes les pedimos que si tienen partidas que van a tirar, pero que aún están en fecha, nos las den, nosotros la repartimos. El banco de alimentos nos suministra comida el primer y tercer jueves de cada mes, por lo que el resto lo pasamos muy apurado”. Gracias a empresas como Jesumán, cuenta Fachi, “tenemos lácteos como yogures o quesos. Pero, por ejemplo, también necesitamos potitos o leche para bebés”. Hoy han conseguido una partida de chacina y casi todos pueden llevarse a casa algo de jamón.*

En cuanto al perfil de los que acuden, “son gente sin trabajo y muchos ni siquiera tienen una casa en la qué cocinar unos huevos”, cuenta el coordinador. “Hemos tenido que poner unas cajas en los alrededores -continúa- para que dejen allí la comida que no quieran, porque hemos detectado que hay gente que ni siquiera tiene casa y si tu le das algo para cocinar, pero no tiene con qué o dónde hacerlo no les sirve de nada”.

Por su parte, África Fuentes, añade que la mayoría de los que acuden sin los papeles son venezolanos o cubanos que llevan aquí unos meses, y aún no han podido regularizar su situación. “A esa gente yo no les puede decir que se vayan” defiende. “No le doy de la comida de la UE -continúa- porque esa es para los que tienen todo en regla, pero le doy de las donaciones que nos hacen”. Añade que, “esta pelea la tengo siempre con las administraciones, y siempre le digo lo mismo, para comer no hace falta papeles”.

La cola de los que aún no tienen la derivación ratifica las palabras de Fuentes. Entre ellos, un hombre de 68 años, cubano de origen y con la nacionalidad española. Lleva dos años en la Isla. “Somos mi mujer y yo. Con el dinero que me manda una sobrina de Estados Unidos, y algún trabajo que hace mi mujer, vamos subsistiendo”, explica. Dice que se quiere ir con su sobrina, “pero está todo cerrado”. A su lado, otro hombre asiente dándole la razón.
Otra mujer más (la mayoría de la cola lo son) es española de nacimiento y llegó de Venezuela hace un año. Su hija estudia gracias a una beca y ella busca trabajo. “Mi hija tiene que formarse, para buscar trabajo ya estoy yo”. A sus 64 años confía en conseguir algo de trabajo o que el ingreso mínimo vital sirva para mejorar la situación, pero también critica que las administraciones no están respondiendo con la rapidez con la que debieran y señala la cola que está delante de ella. Vive en El Rosario y llega a García Escámez como puede.*

Precisamente esa es una de las peticiones de África Fuentes. “Son gente sin ingresos, y si encima tienen que comprarse un bono, es comida que se quitan, por eso pedimos que den más bonos, nosotros no siempre tenemos”. Cuenta África que lo primero que hace por las mañanas es ver a quién llama y agradece la respuesta que recibe, especialmente de la Caixa, que siempre se pone. También da gracias al Ayuntamiento por toda la ayuda que le da.
Ya son casi las doce del mediodía y la cola sigue. Los propios voluntarios reconocen que la Policía Local no tardará en aparecer para recordar el cumplimiento de las medidas anticovid. África, al pie del cañón, supervisa la entrega de los alimentos y le recuerda a la periodista que no se olvide de mencionar que necesitan donaciones, “leche y gofio” repite.

África Fuentes: “Para comer no hace falta papeles”

Medalla de oro al Mérito Civil o Hija Predilecta de Tenerife, son dos de los reconocimientos que ha recibido África Fuentes por su labor al frente de la ONG de García Escámez. El primero lo recibió de manos de los Reyes y el segundo se lo entregó el Cabildo. Sigue ceyendo que no hace nada especial. “Si está en mi mano, nadie se queda sin comer”. Y esa es una de las cosas que la diferencia, atiende por igual a los que vienen con papeles que a los que no, porque, como repite, “para comer no hace falta papeles”.

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Las “colas del hambre” vuelven a crecer al dilatarse la crisis en el tiempo, según Fundación Madrina

Las “colas del hambre” vuelven a crecer al dilatarse la crisis en el tiempo, según Fundación Madrina

MADRID, 28 Jul. (EUROPA PRESS) – La Fundación Madrina ha alertado de que las “colas del hambre” han vuelto a crecer al dilatarse en el tiempo la crisis del Covid-19, ante la “falta de ayudas a las familias como paro o ERTEs sin ingresar” y “agravado por el cierre de comedores y centros sociales durante las vacaciones”. “La situación actual es preocupante porque estas familias aumentan y los Bancos de Alimentos ya han agotado sus reservas de comida, por ello la fundación está Las “colas del hambre” vuelven a crecer al dilatarse la crisis en el tiempo, según Fundación Madrina está acudiendo a proveedores en origen para conseguir abastecer a miles de familias diarias”, explican. El Banco del Bebé de Fundación Madrina reparte más de siete toneladas de alimentos diariamente que se suman al cerca de un millón de menús de diferentes cocinas que han repartido por toda la Comunidad de Madrid y en colaboración con los servicios sociales. Para ello, la fundación ha contado con la colaboración de más de 400 voluntarios. Además, la Fundación Madrina sigue Las “colas del hambre” vuelven a crecer al dilatarse la crisis en el tiempo, según Fundación Madrina

repartiendo 400 bolsas de comidas diarias a familias vulnerables y 1.800 menús diarios, el 60% de los menús diarios que produce y reparte World Central Kitchen, además de las cocinas Miele, entre otros restaurantes de Madrid, según informa.

Las “colas del hambre” vuelven a crecer al dilatarse la crisis en el tiempo, según Fundación Madrina

Durante la pandemia, la fundación ha contado con la colaboración logística del Ayuntamiento de Madrid que cedió furgonetas y Caja Mágica para almacenamiento, así como con Correos, además de la logística española Transfesa y la alemana BD Schencker. En las “colas del hambre”, según indican, se han visto “autónomos, arquitectos con hijos a cargo, azafatas de aerolíneas nacionales, chef de conocidos restaurantes de Madrid con menores a cargo, antiguas estrellas de la Televisión, Las “colas del hambre” vuelven a crecer al dilatarse la crisis en el tiempo, según Fundación Madrina

parejas de adolescentes o madres solas de 17 años con su bebé, así como ancianas de más de 85 años” que, cuando llegaban al reparto, “lloraban”. Asimismo, la Fundación destaca que ha atendido más de 34.000 llamadas en su call center, llegando a recibir hasta 15 llamadas por minuto en los momentos más duros de la pandemia. Según indican, “muchas madres, debido a su angustia vital durante el confinamiento, deseaban no seguir con su embarazo” pero añaden que “gracias al Las “colas del hambre” vuelven a crecer al dilatarse la crisis en el tiempo, según Fundación Madrina

acompañamiento y seguimiento ecográfico y analíticas que realizaba Fundación Madrina, más de 300 niños han nacido” durante la pandemia. TSUNAMI DE RIESGO DE SITUACIONES DE CALLE El mayor problema que observan actualmente es el alojamiento pues advierten de que empieza a haber un “tsunami” de riesgo de situaciones de calle debido a la extensión de la pandemia en el tiempo “que hace perder los ahorros”.

Las “colas del hambre” vuelven a crecer al dilatarse la crisis en el tiempo, según Fundación Madrina

Para solventar este problema, la fundación está desarrollando dos programas de intervención social, con la finalidad de dar empleo a estas familias vulnerables y que siguen en las colas del hambre, y de alojamiento o realojo de estas familias en situación de calle en “pueblos madrina”, repoblando ciudades y poblaciones que ofrecen a estas familias una oportunidad de trabajo y alojamiento gratuito por unos meses hasta que sean autónomas

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Coronavirus en España: las colas del hambre por la crisis de la covid-19 inundan Madrid

Las colas de gente a la espera de recibir alimentos se han hecho comunes en algunos puntos de Madrid, España.

Cinco minutos. Cinco minutos justos, precisos. Cinco minutos cronometrados. Eso es lo que tardó Julián, un madrileño de 37 años, en convertirse en pobre.

“Me gano la vida desde hace años dando clases particulares de inglés y de francés. Daba unas 35 horas de clases a la semana y, a 15 euros (US$16) la hora, me sacaba unos 2.000 euros (US$2.180) al mes”, explica Julián.

De un tiempo a esta parte, Julián acude cada mañana al comedor social Ave María, en el centro de Madrid, donde le dan pan y otros alimentos.

“Pero entonces llegó el coronavirus y el gobierno decretó el estado de alarma. Empezaron a llegarme mensajes y correos electrónicos de mis alumnos diciendo que cancelaban las clases. En cinco minutos, todos mis ingresos se habían esfumado”.

Julián aguantó los dos primeros meses con algunos ahorros que tenía. “Pero se me han acabado”, nos cuenta.

Ahora, desde hace cinco días, viene cada mañana al comedor social Ave María, en pleno centro de Madrid, gestionado por la Real Congregación de Esclavos del Dulce Nombre de María.

Irene Hernández Velasco
Especial para BBC News Mundo

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Bancos de alimentos de España piden ayuda ante falta de suministros

En Madrid, los bancos de alimentos alertan que las colas de personas necesitadas aumentan y los suministros escasean. Piden ayuda tanto a particulares como a gobiernos.

Las llamadas “colas del hambre” siguen creciendo en España y cada día se hace más difícil repartir alimentos a los más necesitados, aquellas familias que quedaron en estado de vulnerabilidad debido a la crisis económica que dejó la pandemia del coronavirus.

Conrado Jiménez, presidente ejecutivo de la Fundación Madrina, explica que la llegada de las vacaciones y el cierre de algunos comedores sociales ha dificultado aún más la situación.

Bolsas de reparto en la parroquia San Juan de Dios de Vallecas, en Madrid

Cien kilos de comida al mes: la parroquia de Madrid que ayuda a decenas de familias
“La situación se ha prolongado en el tiempo, la gente pierde los ahorros, los pocos ahorros que tenían, con los que han estado aguantando, y nos encontramos con casos tremendos. Nos estamos encontrando con azafatas de tierra, españolas, con arquitectos que son autónomos”, precisa Jímenez.
En la parroquia Santa María Micaela y San Enrique, en Madrid, se puede ver cómo miles de familias hacen cola para obtener un poco de comida.

“En este momento estamos atendiendo a 400 familias en situación vulnerable, a 400 madres con niños en situación vulnerable. Luego, en Santa Eugenia, estamos repartiendo menús, unos 1.800, el 60% de todos los menús que hacen World Central Kitchen y otros restaurantes, Miele también nos está dando. Lo estamos repartiendo a todas las familias, cerca de 2.000, 2.500, 3.000 familias al día “, indica Jiménez.

Y los pobres… ¿que comerán durante la crisis?
A diario fundaciones sociales se despliegan por diversos puntos del país. El suministro se hace en pocas horas, lo difícil de cada día ha sido reponer los bancos de alimentos.
“Todos los días salen siete toneladas de alimentos y tenemos que reponerlos. En este momento están cerrados todos los comedores sociales, Cáritas, Cruz Roja, están cerrados los bancos de alimentos, no tienen alimentos, entonces estamos acudiendo un poco a la caridad, a la providencia, todos los días rezamos y gracias a Dios esas siete toneladas de alimentos se vuelven a llenar con otras siete toneladas que vienen de donaciones particulares. Pedimos también a Alemania y a otros sitios que nos ayuden porque la situación es insostenible. Esto va creciendo, se va prolongando en el tiempo la situación de crisis y no hay ninguna cobertura ni estatal ni comunitaria que pueda sostener esta situación”, advierte Jiménez.

© SPUTNIK / ALBERTO GARCÍA PALOMO

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